jueves, 19 de abril de 2012

Poesía cantada

Suzanne takes you down to her place near the river
You can hear the boats go by
You can spend the night beside her
And you know that she's half crazy
But that's why you want to be there
And she feeds you tea and oranges
That come all the way from China
And just when you mean to tell her
That you have no love to give her
Then she gets you on her wavelength
And she lets the river answer
That you've always been her lover
And you want to travel with her
And you want to travel blind
And you know that she will trust you
For you've touched her perfect body with your mind.
And Jesus was a sailor
When he walked upon the water
And he spent a long time watching
From his lonely wooden tower
And when he knew for certain
Only drowning men could see him
He said "All men will be sailors then
Until the sea shall free them"
But he himself was broken
Long before the sky would open
Forsaken, almost human
He sank beneath your wisdom like a stone
And you want to travel with him
And you want to travel blind
And you think maybe you'll trust him
For he's touched your perfect body with his mind.

Now Suzanne takes your hand
And she leads you to the river
She is wearing rags and feathers
From Salvation Army counters
And the sun pours down like honey
On our lady of the harbour
And she shows you where to look
Among the garbage and the flowers
There are heroes in the seaweed
There are children in the morning
They are leaning out for love
And they will lean that way forever
While Suzanne holds the mirror
And you want to travel with her
And you want to travel blind
And you know that you can trust her
For she's touched your perfect body with her mind.





Pd: pensé que este iba a ser un blog eminentemente jurídico, segundo post y nada, ya veremos, let it roll, baby, roll...

martes, 17 de abril de 2012

Borges reseña Calcomanías, de Girondo

Cuentan los profesores de lengua que la vanguardia artística argentina de la década del 20 estaba marcada por dos grupos rivales: el grupo de Florida y el grupo de Boedo. El grupo de Florida, enseñan, representaba el centro, estaba vinculado con las clases altas. El grupo de Boedo, en cambio, estaba vinculado con sectores populares y tenía una ideología de izquierda. Borges explica en su ensayo autobiográfico, publicado en la década del 70 en la revista The New Yorker, que la rivalidad es falsa, que "todo aquello estuvo amañado" y que, al enterarse de la supuesta rivalidad, él quiso pertenecer al grupo de Boedo, pero uno de los líderes del grupo de Florida le informó que ya era un "guerrero de Florida" y que no podía cambiarse de bando. Entre los escritores que se agrupan como integrantes del grupo de Florida, convergían dos polos opuestos: Jorge Luis Borges y Oliverio Girondo. Borges reseñó, en la Revista Martín Fierro, "Calcomanías", de Girondo. Con alguna ironía, podemos ver que Borges no era un fanático de Girondo (hecho que más tarde no se molestaría demasiado en ocultar, exacerbado por el hecho de que Girondo terminó casándose con Norah Lange, mujer de la que Borges supo estar enamorado). En cualquier caso, por el mero hecho de que no me fue fácil encontrar la reseña en Google, me pareció bueno colgarla

OLIVERIO GIRONDO, CALCOMANÍAS
(Jorge Luis Borges)

Es innegable que la eficacia de Girondo me asusta. Desde los arrabales de mi verso he llegado a su obra, desde ese largo verso mío donde ha puestas de sol y vereditas y una vaga niña que es clara junto a una balaustrada celeste. Lo he mirado tan hábil, tan apto para desgajarse de un tranvía en plena largada y para renacer sano y salvo entre una amenaza de klaxon y un apartarse de transeúntes, que me he sentido, provinciano junto a él. Antes de empezar estas líneas, he debido asomarme al patio y cerciorarme, en busca de ánimo, de que su cielo rectangular y la luna siempre estaban conmigo.

Girondo es un violento. Mira largamente cosas y de golpe les tira un manotón. Luego, estruja, las guarda. No hay aventura en ello, pues el golpe nunca se frustra. A lo largo de las cincuenta páginas de su libro, he atestiguado la inevitabilidad implacable de su afanosa puntería. Sus procedimientos son muchos, pero hay dos o tres predilectos que quiero destacar. Sé que esas trazas son instintivas en él, pero pretendo inteligirlas.

Girondo impone a las pasiones del ánimo una manifestación visual e inmediata; afán que da cierta pobreza a su estilo (pobreza heroica y voluntaria, entiéndase bien) pero que le consigue relieve. La antecedencia de ese método parece estar en la caricatura y señaladamente en los dibujos animados del biógrafo. Copiaré un par de ejemplos:

El cantaor tartamudea una copla
que lo desinfla nueve kilos.
(Juerga)

A vista de ojo, los hoteleros engordan ante la
perspectiva de doblar la tarifa.
(Semana Santa - vísperas)

Esa antigua metáfora que anima y alza las cosas inanimadas -la que grabó en la Eneida lo del río indignado contra el puente (pontem indignatus araxes) y prodigiosamente escribió las figuras bíblicas de Se alegrará la tierra desierta, dará saltos la soledad y florecerá como azucena- toma prestigio bajo su pluma. Ante los ojos de Girondo, ante su desenvainado mirar, que yo dije una vez, las cosas dialogizan, mienten, se influyen. Hasta la propia quietación de las cosas es activa para él y ejerce una causalidad. Copiaré algún ejemplo:

¡Noches, con gélido aliento de fantasma,
en que las piedras que circundan la población
celebran aquelarres goyescos!
(Toledo)

¡Corredores donde el silencio tonifica
la robustez de las columnas!
(Escorial)

las casas de los aldeanos se arrodillan
a los pies de la iglesia,
se aprietan unas a otras,
la levantan
como si fuera una custodia,
se anestesian de siesta
y de repiqueteo de campana.
(El Tren Expreso)

Es achaque de críticos el prescribirles una genealogía a los escritores de que hablan. Cumpliendo con esa costumbre, voy a trazar el nombre, infalible aquí, de Ramón Gómez de la Serna y el del escritor criollo que tuvo alguna semejanza con el gran Oliverio, pero que fue a la vez menos artista y más travieso que él. Hablo de Eduardo Wilde.